La transmisión de la fe en la familia, artículo 2

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El influjo de la familia en la expansión del cristianismo (II)

Dios siempre golpea las puertas de los corazones. Le gusta hacerlo. Le sale de adentro. ¿Pero saben que es lo que más le gusta? Golpear las puertas de las familias y encontrar a las familias unidas, que se quieren, que hacen creer a sus hijos, los educan y los llevan adelante.

SS Francisco, Filadelfia, 2015

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Influjo de la familia en la expansión del cristianismo en los primeros siglos (II)

1. Factores que favorecieron la difusión del Evangelio

En algunos sectores del mundo judío la situación era favorable a la recepción del cristianismo, pues existía una expectativa mesiánica en las almas sinceramente religiosas que aguardaban con impaciencia la llegada del Mesías. Este era el caso de familias como la de María y José, en Nazaret, el anciano Zacarías y su esposa Isabel, en Ain Karin, o el anciano Simeón y la profetisa Ana en Jerusalén.

A partir del día de Pentecostés, los Doce Apóstoles predicaron el Evangelio de Jesucristo en Jerusalén donde se dieron abundantes conversiones a la nueva fe. Las persecuciones promovidas por las autoridades religiosas judías contra los primeros cristianos no hicieron otra cosa que ayudar a acelerar la primera expansión del cristianismo. En los Hechos de los Apóstoles y en las cartas de Pablo vemos la importancia que tuvieron las familias cristianas en la difusión de la fe. Así, por ejemplo, Pablo, al escribir a Timoteo, alaba su fe y le recuerda: “esa fe que tuvieron tu abuela Loide y tu madre Eunice, y que estoy seguro que tienes también tú” (2 Tm 1, 5).

Debido a la Diáspora, que se acrecentó con las persecuciones, la religión cristiana pronto llegó a Roma llevada por judíos conversos y fue acogida por muchos paganos.

2. La difusión del Evangelio en el Imperio Romano

El Imperio Romano en primeros siglos de nuestra era ocupaba una superficie más grande que la que hoy llamamos Unión Europea.

mapadelimperioromanoEl Imperio, a pesar de su conocida hostilidad hacia los cristianos, ofreció a la primitiva Iglesia dos grandes ventajas. Primero, la facilidad de las comunicaciones a través de las calzadas romanas. En segundo lugar, la paz interior, es decir un mundo tranquilo en el que la firme autoridad de Roma garantizaba el orden.

Junto a las ventajas mencionadas, existían diversos obstáculos que hacían muy difícil la incorporación a la Iglesia de Cristo. Los conversos que procedían del judaísmo quedaban marginados de su comunidad de origen y con frecuencia eran mirados como enemigos de sus hermanos de raza. Tampoco era fácil la conversión para los paganos del mundo romano, pues al  hacerse cristianos eran tenidos por “ateos” (no adoradores de las divinidades romanas) y, como su nueva religión era ilícita, corrían el peligro de ser perseguidos e incluso de sufrir el martirio y la muerte.

Está claro que la decisión de hacerse cristiano en aquel tiempo comportaba un elevado valor moral. Sin embargo, como veremos a continuación, la religión politeísta de Roma se fue descomponiendo poco a poco pues ni los mejores filósofos creían ya en ella y cada día ganaba más terreno entre los paganos la idea de que su religión oficial era un conjunto de supersticiones y prácticas vacías de sentido. Podríamos decir que la propia debilidad de la religión politeísta de Roma coadyuvó a la expansión del cristianismo.

Casi siempre, las primicias del Evangelio llegaban al mundo dominado por Roma a través de humildes y desconocidos “misioneros”: comerciantes, viajeros, militares, esclavos, etc. Los puertos de mar y las colonias judías de la Diáspora fueron los primeros lugares en los que la Buena Nueva encontró favorable acogida. Y junto a cada comerciante, militar o viajero, había una esposa y unos hijos, una familia donde los hijos eran educados en la fe en Jesucristo y en la vida cristiana. Las familias, por tanto se convirtieron en los cauces fundamentales para la transmisión de la nueva fe en el Imperio Romano, y esto tanto en Itálica, como en la Galia, Hispania o Britania.

3. Factores que más influyeron en la primera difusión del cristianismo

Ya en el texto citado de la segunda carta de Pablo a Timoteo se vislumbra la importancia de la familia, y en concreto de la mujer, en la transmisión de la fe cristiana (“esa fe que tuvieron tu abuela Loide y tu madre Eunice, y que estoy seguro que tienes también tú”: 2 Tm 1, 5).

starkPero hay, además, datos que proceden de la investigación científica que avalan este hecho. El prestigioso sociólogo Rodney Stark, que ha sido durante mucho años catedrático de Sociología y de Estudios Comparados sobre la Religión en la Universidad de Washington, ha investigado sobre los factores humanos que más influyeron en la expansión del cristianismo en los  primeros siglos, antes del Edicto de Milán (a. 311).

En su libro La expansión del cristianismo Stark analiza los principales motivos sociológicos que contribuyeron al rápido crecimiento de las comunidades cristianas dentro del Imperio Romano. Entre ellos destaca los siguientes:

  • La superior dignidad de la mujer cristiana.
  • El valor del matrimonio, de la vida humana y de la prole. 
  • La mayor fortaleza de los cristianos para afrontar la enfermedad y la muerte.

Resumiremos a continuación las conclusiones a las que llega Rodney Smark.

3.1. La superior dignidad de la mujer cristiana

mujer-cristianaLa mujer en el Imperio Romano tenía una posición claramente inferior a la del varón. Este, en cuanto pater familiae, gozaba de una autoridad y de unos derechos muy superiores a los de su mujer. El divorcio era frecuente y casi siempre favorecía al varón.

La inferior condición de la mujer se manifestaba ya en el momento del nacimiento. Muchas niñas no deseadas eran descartadas. Si el padre no quería exponerlas (abandonarlas a su suerte), debía dar orden explícita de alimentarlas. La exposición de niñas no deseadas y de niños deformes era práctica habitual amparada por la ley y aceptada por todas las clases sociales. En las grandes familias no se criaba más de una hija. 

La conversión al Evangelio y la incorporación a la Iglesia supuso para la mujer una notable elevación en su dignidad moral y social. Basta leer las cartas de san Pablo para comprobarlo (“Maridos: amad a vuestra mujeres como Cristo amó  a su Iglesia y se entregó a sí mismo por ella”:  Ef 5, 25).  

“Aunque algunos escritores clásicos alegaban que las mujeres eran presa fácil para cualquier «superstición extraña», la mayoría reconocía que el cristianismo era inusualmente atractivo, pues dentro de la subcultura cristiana las mujeres gozaban de un estatus muy superior que el que tenían en el mundo grecorromano” (R. Stark, o. c., pág. 93).

3.2. El valor del matrimonio, de la vida humana y de la prole 

Los Evangelios y las epístolas de san pablo son bien elocuentes respecto al valor que el cristianismo otorga al matrimonio, que es calificado por san Pablo como sacramentum magnum. Por otro lado, la moral que enseñaban los Apóstoles y sus sucesores concedía a la vida humana un valor sagrado y, por lo tanto, inviolable.

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Esta nueva visión del matrimonio y de la familia tuvo un gran atractivo humano y espiritual en un mundo en el que tanto la mujer como la prole con

 frecuencia carecían del respeto y de la dignidad que les correspondía como simples seres humanos. La amoralidad imperante en la cultura del Imperio Romano intentaba frenar la natalidad mediante la práctica del aborto y del infanticidio. Veamos un extracto de las conclusiones de R. Stark.

El aborto

“La fertilidad se redujo de manera importante en el mundo grecorromano por el recurso muy frecuente al aborto. Los textos literarios detallan un número de técnicas abortivas sorprendentemente amplio, de entre las cuales las más efectivas eran a la vez las más peligrosas. De este modo, el aborto no sólo evitó muchos nacimientos, sino que también mató a muchas mujeres antes de que pudieran contribuir con su fertilidad, resultando además una importante causa de infertilidad de las mujeres que sobrevivieron a los abortos.

Un método frecuente consistía en la ingestión de dosis casi fatales de veneno con la intención de provocar el aborto. A consecuencia de ello, tanto el feto como la madre morían en muchos casos.

La principal razón por la cual estas peligrosas prácticas eran tan comunes era el empeño por ocultar las relaciones sexuales ilícitas. Mujeres solteras o casadas que se quedaban embarazadas mientras sus maridos estaban ausentes recurrían a menudo al aborto”.

El Infanticidio

“Aunque los romanos varones se casaban, a menudo formaban familias pequeñas, y ni siquiera los incentivos legales conseguían que se cumpliera la meta de tres hijos por familia. Una razón para ello era el infanticidio: nacían muchos más bebés de los que llegaban finalmente a sobrevivir. La práctica del infanticidio era bastante común. Séneca, por ejemplo, consideraba el sofocamiento de recién nacidos como algo razonable y común. También era relativamente frecuente dejar expuesto a un bebé no deseado fuera de los hogares, donde pudiera ser visto por alguien que se lo quisiera llevar o bien fuera víctima de los animales. Esta práctica estaba justificada por la ley” (o. c., páginas 111 y 112).

3.3.  La mayor fortaleza y esperanza de los cristianos al afrontar el misterio de la  enfermedad y de la muerte

La fe cristiana daba respuestas claras y esperanzadoras al misterio del sufrimiento y de la muerte. Esta cuestión ha inquietado siempre al ser humano y más, posiblemente, cuando las enfermedades no tenían tratamientos eficaces y la mortandad era inmensa como consecuencia de las guerras, las epidemias, etc.  McNeill lo resumió de la siguiente manera:

“Otra ventaja de la que disfrutaron los cristianos sobre los paganos era que las enseñanzas de su fe hacían que sus vidas tuvieran un significado incluso más allá de una muerte repentina y sorprendente [...] Incluso un resto convulso de supervivientes, que de algún modo había superado la guerra y la pestilencia, o ambas, podía encontrar calor, consuelo y cura inmediata en la perspectiva de una existencia celestial para aquellos parientes y amigos que no estaban ya [...] El cristianismo era, por tanto, un sistema de pensamiento y de sentimientos minuciosamente adaptado a tiempos turbulentos, en los cuales prevalecían las dificultades, las enfermedades y la muerte violenta” (1976, 108). (cf. o. c., pág. 80).

El matrimonio y la familia formada a la luz de la fe cristiana alcanzó una visión nueva del valor de la vida. Supo la nueva cultura que en el origen de todo hombre y, por tanto, en toda paternidad y maternidad humana está presente Dios Creador. “Por eso, los esposos deben acoger al niño que les nace como hijo no sólo suyo, sino también de Dios, que lo ama por sí mismo y lo llama a la filiación divina. Más aún:  toda generación, toda paternidad y maternidad, toda familia tiene su principio en Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo” (cf. Benedicto XVI, Valencia, 9-VII-2006). 

De este modo la familia cristiana tuvo una importancia inestimable en la propagación de la nueva cultura cristiana, primero en Europa y, después, en el mundo.

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