Pornografía: Orientación para los sacerdotes

Pornografía: un ataque al templo de Dios vivo

Que no queden defraudados por mi culpa los que esperan en ti, Señor del universo; que no queden humillados por mi causa los que te buscan, Dios de Israel.

Salmo 69, 7

Me dirijo ahora a mis hermanos en Cristo, a mis hermanos sacerdotes, que deben realizar la ardua tarea de dirigir al pueblo cristiano en su lucha contra los males de la pornografía. Quienes hemos sido llamados a compartir el sagrado sacerdocio de Cristo también debemos compartir su pureza. Esta es una tarea vitalicia y realizada con amor, que debe traernos mucha alegría y gran humildad. Al alabar y glorificar a Dios en nuestros éxitos en este ministerio, también debemos arrepentirnos y hacer penitencia por nuestras propias faltas y por las faltas de nuestros hermanos.

Como sacerdotes, nos encontramos sumergidos en una cultura que es a menudo diametralmente opuesta a la virtud. Al ser estudiantes de la cultura, para poder capacitarnos mejor para la evangelización, debemos estar siempre alerta para impedir que nos asombren los mismos elementos que deseamos hacer desaparecer.

Tanto ustedes como yo somos hombres solteros para el Reino de Dios. Este gran don del celibato es una invitación a la intimidad que Cristo comparte con su Iglesia. Siempre debemos aceptar este don con alegría y crecer en el amor con capacidad para dar de nosotros mismos; ese amor es nuestra herencia. La sumisión a los falsos encantos de la pornografía es un pecado grave contra el don de la castidad del celibato.

Si un sacerdote es parte de este pecado, debe buscar la asistencia del obispo o de su superior religioso. Esa falta no significa necesariamente el final de su ministerio. Quisiera ayudarles a lograr la sanación espiritual, psicológica y sacramental necesaria para que vuelvan a su labor.

Todos los sacerdotes deben ser parte de una dirección espiritual permanente y frecuente. Estos encuentros con su director son una oportunidad invalorable e íntima de oír la voz del Maestro y de responder a su voluntad. Las conversaciones con los directores deben ser siempre francas y completas, sin esconder ninguna de las frustraciones y tentaciones de su ministerio, y revelar todas sus faltas. La humilde aceptación de dirección es una defensa segura contra los peligros de la impureza.

Ningún sacerdote puede ser un ministro de reconciliación idóneo si no busca con frecuencia la absolución. Los sacerdotes deben practicar con frecuencia la confesión en el Sacramento de la Penitencia. La demora o la disminución de la importancia de la confesión es señal de un corazón impenitente.

Todos los sacerdotes deben rendir cuentas de sus actos privados y públicos. En realidad, como ministros de Cristo, ningún acto es verdaderamente privado, con excepción de su oración personal, y aun los frutos de ella deben ser discutidos abiertamente con su director. No permitan nunca que surja una vida privada que deban mantener en secreto de sus hermanos. Los sacerdotes deben ser particularmente diligentes en este campo cuando se trate del uso de tecnología moderna de comunicación. Insto a cada sacerdote a que rinda cuentas a sus hermanos sacerdotes por el uso de esta tecnología.

Por último, desearía pedir a todos los sacerdotes que se encomienden a San José, el modelo de paternidad, y que recen con mucha frecuencia por su intercesión para ustedes y para sus hermanos.


Oh Santísimo José, que llevaste al Niño Jesús en tus benditos brazos y que, durante treinta años, viviste en la más íntima familiaridad con Él, toma bajo tu poderosa protección a quienes Él ha investido con su autoridad y honrado con la dignidad de su sacerdocio. Sostenme en mi fatiga y mis esfuerzos; consuélame en mis dolores; fortifícame en mis combates; pero, sobre todo, aléjame de todos los males de la impureza.

Ayuda a lograr para todos mis hermanos la humildad de san Juan Bautista, la fe de san Pedro, el celo y la caridad de san Pablo, la pureza de san Juan y el espíritu de oración y recogimiento del que tú, amadísimo san José, eres modelo, para que después de haber estado en la tierra, los fieles dispensadores de los misterios de Tu Hijo adoptivo, Nuestro Señor Jesucristo, podamos recibir en el cielo la recompensa prometida a los pastores según el Corazón de Dios. Amén.

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 Fuente original: Pornografía: un ataque al templo de Dios vivo


 

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