Aprende y colorea la vida de san Pablo (I)

Aprende y colorea la vida de san Pablo (I)

Con motivo de la fiesta de la conversión de san Pablo, os presentamos estos textos y dibujos que exponen la vida completa de este «pilar» fundamental de la cristiandad.

Que disfrutéis con las maravillosas ilustraciones y textos del Hermano Roque Miguel Vernaz, religioso de la Congregación de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey.

Nota: podéis obtener las imágenes en tamaño grande pulsando directamente sobre el título o la imagen de cada capítulo.

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La conversión (Hch 9)

La conversión (Hch 9)

San Pablo era un celoso fariseo llamado Saulo que, no habiendo comprendido la doctrina de Cristo, tenía a los cristianos por herejes que había que exterminar. Jesucristo había dicho: «Llegará el tiempo en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios» (Jn 16). Y Pablo era uno de esos que, celoso de la religión judía, perseguía a muerte a los cristianos por todas partes.

Un día se presentó al príncipe de los sacerdotes y le pidió cartas para Damasco, dirigidas a los jefes de las sinagogas, para traer presos a Jerusalén a cuantos hombres y mujeres hallase de la secta de Jesús. Cuando ya llevaba de camino más de doscientos kilómetros y ya estaba cerca de la ciudad de Damasco, sucedió algo así como un rayo que cayó a sus pies y le envolvió con su resplandor. Cayendo en tierra mientras oía una tremenda voz que le decía: «¡Saulo! ¡Saulo! ¿Por qué me persigues?» Él oyó la voz, pero no veía nada, pues el resplandor le había dejado ciego. Y contestó: «¿Quién eres Tú, Señor?» Y el Señor le dijo: «Yo soy Jesús a quien tú persigues; dura cosa es para ti el dar coces contra el aguijón». Él, entonces, temblando y despavorido, dijo: «Señor, ¿qué quieres que haga?» Y el Señor le respondió: «Levántate y entra en la ciudad, donde se te dirá lo que debes hacer».

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El nuevo Apóstol (Hch 9)

El nuevo Apóstol (Hch 9)

En Damasco había un santo varón llamado Ananías, al cual le habló el Señor en una visión y le dijo: «Ananías, levántate y vete a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a un hombre de Tarso, llamado Saulo, que ahora está en oración». Respondió Ananías: «Señor, he oído decir a muchos que ese hombre ha hecho mucho daño a todos los cristianos de Jerusalén y que ha venido aquí con poderes de los príncipes de los sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre». «Vete a encontrarle, añadió el Señor, porque ese mismo es ya un instrumento elegido por Mí para llevar mi nombre a todas las naciones». Marchó Ananías y entrando en la casa que le había dicho el Señor, encontró allí a Saulo e imponiéndole las manos, le dijo: «Saulo, hermano, el Señor Jesús que se te apareció en el camino, me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo». Al momento cayeron de sus ojos unas como escamas, y recobró la vista, y levantándose fue bautizado. Y habiendo tomado aliento, recobró sus fuerzas, y estuvo algunos días con los discípulos que habitaban en Damasco. Después empezó a predicar en las sinagogas diciendo que Jesús es el Hijo de Dios; pero los otros discípulos no se fiaban de él, porque sabían que había encarcelado a muchos en Jerusalén y había ido a Damasco con el mismo propósito.

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Huye por la muralla metido en un canasto (Hch 9)

Huye por la muralla metido en un canasto (Hch 9)

Todos los que le oían estaban pasmados, y decían: «Pues ¿no es éste aquel que con tanto furor perseguía a los cristianos en Jerusalén y que vino acá con el propósito de llevarnos presos?» Pablo, empero, cada día cobraba nuevo rigor y esfuerzo, y confundía a los judíos que habitaban en Damasco, demostrándoles que Jesús era el Cristo.

Mucho tiempo después, los judíos se conjuraron de mancomún para quitarle la vida. Advirtieron a Pablo de lo que tramaban contra él; y ellos, a fin de salir con su intento de matarle, tenían puestos centinelas día y noche a las puertas de la ciudad: En vista de Io cual los discípulos, tomándole una noche, le descolgaron por el muro metido en un canasto.

Así que llegó de nuevo a Jerusalén, procuraba unirse con los discípulos, mas todos huían de él, no creyendo que se hubiera hecho cristiano, ya que sabían con cuánta saña los había perseguido anteriormente. Por fin, Bernabé lo presentó a los Apóstoles y les contó la milagrosa conversión cuando en el camino de Damasco se le apareció el Señor, y las palabras que le había dicho, y con cuánta firmeza y valentía había procedido en Damasco predicando en el Nombre de Jesús. Y con esto ya lo aceptaron.

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Pablo y Bernabé son tenidos por dioses (Hch 14)

Pablo y Bernabé son tenidos por dioses (Hch 14)

Cuando los Apóstoles llegaron a Listra, se encontraron allí con un hombre paralítico que nunca habla andado y ni siquiera podía ponerse en pie, por lo que siempre estaba sentado. Habiendo oído predicar a Pablo, creyó que podría curarle, y el Apóstol al ver su fe le dijo en alta voz: «Levántate y mantente de pie, derecho sobre tus piernas». El, al instante, dando un salto se puso a andar. Las gentes, viendo lo que Pablo acababa de hacer, se pusieron a gritar diciendo: «Estos no son hombres, sino que son dioses que han bajado en figura de hombres». A Bernabé le daban el nombre de Júpiter, y a Pablo el de Mercurio. El sacerdote de Júpiter, trayendo toros adornados con guirnaldas delante de la puerta, junto con todo el pueblo, intentaba ofrecerles sacrificios. Apenas se dieron cuenta de ello Pablo y Bernabé, rasgando sus vestidos, rompieron por medio del gentío, clamando: «Hombres, ¿qué es lo que hacen? Nosotros no somos dioses, sino hombres mortales como vosotros, que venimos a decirles que dejen todas esas deidades y se conviertan al Dios vivo, que creó el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto existe»... Pero, por más que les decían, ellos querían adorarlos y ofrecerles sacrificios, creyendo que quienes tales portentos hacían no podían ser hombres sino dioses.

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La adivina (Hch 16)

La adivina (Hch 16)

Sucedió que una esclava jovencita estaba poseída de un espíritu de adivinación, la cual, haciendo de adivina, conseguía para sus amos muchas ganancias. Cuando Pablo y Silas pasaban a la oración, la muchacha los seguía detrás gritando: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo que os anuncian el camino de la salvación». Y así continuó tras ellos por espacio de varios días...

Cansados los apóstoles de oírla todos los días, un día se volvió Pablo hacia ella y le dijo al demonio que tenía dentro: «Yo te mando, en nombre de Jesucristo, que salgas de esta muchacha». En aquel momento la dejó el demonio y se puso bien. Pero sus amos, al ver que se les había acabado el negocio de lo que ganaban con sus adivinanzas, se enfadaron y armaron un gran alboroto en la ciudad diciendo que aquellos hombres estaban enseñando doctrinas extrañas contrarias a sus leyes y tradiciones. La plebe acudió formando gran alboroto y los magistrados mandaron que los azotasen y luego los encarcelasen bien seguros. El carcelero al recibir esta orden los metió en un profundo calabozo, con los pies sujetos al cepo para mayor seguridad.

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Aprende y colorea la vida de san Pablo (I)

Aprende y colorea la vida de san Pablo (II)

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Las ilustraciones y los textos son autoría del Hermano Roque Miguel Vernaz, religioso de la Congregación de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey.


 

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