Guía para vivir el Año Santo de la Misericordia junto al Papa Francisco: Marzo 2016

Guía práctica para vivir el Año Santo de la Misericordia junto al Papa Francisco

Es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia”. Estas palabras de santo Tomás de Aquino muestran cuánto la misericordia divina no es en absoluto un signo de debilidad, sino más bien la cualidad de la omnipotencia de Dios. Es por esto que la liturgia, en una de las colectas más antiguas, invita a orar diciendo: ¡Oh, Dios, que revelas tu omnipotencia sobre todo en la misericordia y el perdón! Dios será siempre para la humanidad como Aquél que está presente, cercano, providente, santo y misericordioso.

«Paciente y misericordioso» es el binomio que a menudo aparece en el Antiguo Testamento para describir la naturaleza de Dios. Su ser misericordioso se constata concretamente en tantas acciones de la historia de la salvación donde su bondad prevalece por encima del castigo y la destrucción. Así pues, la misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo. Vale decir que se trata realmente de un amor “visceral”. Proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón.

firmafrancisco

(Misericordiae Vultus, 6)

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Dios es más omnipotente cuando muestra misericordia

Escuchamos al Papa Francisco

Es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia”.  Estas palabras de santo Tomás de Aquino muestran cuánto la misericordia divina no es en absoluto un signo de debilidad, sino más bien la cualidad de la omnipotencia de Dios.  Es por esto que la liturgia, en una de las colectas más antiguas, invita a orar diciendo: ¡Oh, Dios, que revelas tu omnipotencia sobre todo en la misericordia y el perdón!  Dios será siempre para la humanidad como Aquél que está presente, cercano, providente, santo y misericordioso.

“Paciente y misericordioso” es el binomio que a menudo aparece en el Antiguo Testamento para describir la naturaleza de Dios.  Su ser misericordioso se constata concretamente en tantas acciones de la historia de la salvación donde su bondad prevalece por encima del castigo y la destrucción.  Así pues, la misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo.  Vale decir que se trata realmente de un amor “visceral”.  Proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón.”

Misericordiae Vultus, 6

salmo145

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Escuchamos la Palabra de Dios

El Señor pasó delante de Moisés y exclamó: «El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad.  Él mantiene su amor a lo largo de mil generaciones y perdona la culpa, la rebeldía y el pecado...

Éxodo 34, 6-7

Tan cierto como que estoy vivo, palabra de Yavé, que no deseo la muerte del malvado, sino que renuncie a su mala conducta y viva...

Ezequiel 33, 11

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Un salmo para alabar

A cada estrofa del salmo repetimos:

¡Piedad, Señor, pecamos contra ti!

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,

y renueva la firmeza de mi espíritu.

No me arrojes lejos de tu presencia

ni retires de mí tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,

que tu espíritu generoso me sostenga:

yo enseñaré tu camino a los impíos

y los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,

y mi lengua anunciará tu justicia!

Abre mis labios, Señor,

y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen;

si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:

mi sacrificio es un espíritu contrito,

tú no desprecias el corazón contrito y humillado.

Salmo 51, 12-21

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Para reflexionar y/o compartir en grupo

  1. Pensemos en situaciones concretas de nuestras vidas en que pudimos tener misericordia con los demás.  ¿Qué sentimos en esos momentos?
  2. ¿La omnipotencia y la misericordia son conceptos contrapuestos?  Justifiquemos y compartamos nuestras respuestas.
  3. En el ambiente que nos movemos todos los días: nuestra familia, el estudio, el trabajo, nuestro grupo de pertenencia, entre otros próximos, ¿con quiénes creemos que tendríamos que ser más pacientes y misericordiosos?
  4. ¿Qué podemos hacer concretamente para acercarnos a aquellos que están sufriendo alrededor nuestro?
  5. En grupo, pensar cinco acciones concretas para aliviar el sufrimiento de nuestro prójimo.  Concretar y definir a quiénes, cómo, cuándo, con qué recursos, en qué momento, por cuánto tiempo...  Plasmarlo en un afiche.

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Intenciones

A cada intención respondemos: ¡Señor de la Misericordia, te pedimos que habites en nuestro corazón!

Te pedimos por el Papa Francisco para que pueda seguir proclamando a todo el mundo el rostro misericordioso de Dios Padre.  Oremos…

Haz que tu Iglesia pueda expresar tu amor misericordioso, de manera visible y tangible para el mundo.  Oremos…

Ayúdanos a hacer de tu misericordia nuestra experiencia de vida.  Oremos…

Te rogamos que nos permitas descubrir que lo importante en la vida es amar a nuestros hermanos como lo hizo Jesús.  Oremos…

Enséñanos a ser pacientes y misericordiosos con nuestros hermanos.  Oremos…

Ayúdanos a construir una patria más justa, fraterna y solidaria; de manera que  podamos descubrir tu grandeza a través de tu misericordia divina.  Oremos…

Agregamos nuestras intenciones personales y comunitarias…

Rezamos un Padrenuestro, un Avemaría y el Gloria.

Repetimos con convicción la advocación: ¡Jesús, en vos confío!  ¡Jesús, en vos confío!  ¡Jesús, en vos confío!

Oración: Padre, que tu amor Divino venga en nuestro auxilio y nos haga cada día más misericordiosos.  Atraviésanos con tu Misericordia y haz de nuestras vidas un lugar de luz, para nosotros, nuestras familias, nuestra patria y todos aquellos que nos rodean y necesitan.  ¡Te lo pedimos a través de Jesús Misericordioso!  ¡Amén! 

Señal de la Cruz

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Compromiso personal del mes

Este mes de marzo voy a perdonar de corazón a alguien que me hizo un mal sin haberse dado cuenta.  También podré dar consejo y apoyo al que lo necesita  u otro compromiso similar…

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Para memorizar y rezar durante el mes 

¡María de Guadalupe, ayúdanos a manifestar la misericordia de Dios a nuestros hermanos!

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La misericordia en los santos

San Francisco de AsísSan Francisco de Asís (1182-1226).  Por el amor de Dios.  Un día, estando Francisco en la tienda donde solía vender telas, y enfrascado en reflexiones relativas a su comercio, se le presentó un mendigo pidiéndole limosna por el amor de Dios. Absorto en sus afanes de lucro y en las preocupaciones de su negocio, lo echó, negándole la limosna. Pero después que el pobre se fue, Francisco, movido por la gracia divina, empezó a reprocharse su falta de cortesía, diciéndose: “Si este mendigo te hubiera pedido algo en nombre de algún noble o persona importante, le hubieras dado cuanto te pedía. ¡Con mayor razón debiste hacerlo cuando te pedía algo en nombre del Rey de reyes y Señor de todos!”  A partir de ese momento se comprometió a nunca negarle nada a quien le pidiera ayuda en el nombre del Señor. Y, llamando al mendigo, le dio una abundante limosna.

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Un cuento para pensar

LA SILLA VACÍA

Analía, angustiada, se acercó a la parroquia para pedirle al Padre Martín que fuera a su casa para realizar una oración por su padre, Roberto, que estaba muy enfermo. Cuando el sacerdote llegó a la habitación de Roberto, encontró a este hombre en su cama con la cabeza alzada por un par de almohadas. Había una silla al lado de su cama, por lo que el sacerdote pensó que el hombre sabía que vendría a verlo.

—¡Supongo, que me estaba esperando! —le dijo.

—¡No! ¿Quién es usted? —contestó Roberto.

—Soy el sacerdote que su hija llamó para realizar una oración; cuando vi la silla vacía al lado de su cama, sospeché que usted sabía que yo vendría a visitarlo.

—¡Oh, sí!  ¡La silla…! —exclamó el enfermo.

—¿Le importaría cerrar la puerta?

El Padre Martín, sorprendido, la cerró.

—Nunca le he dicho esto a nadie, pero toda mi vida la he pasado sin saber cómo orar.  Cuando he estado en la iglesia, siempre escuché que se debía orar y los beneficios que de esta actitud se desprenden; pero, la verdad es que esto de la oración me entró por un oído y salió por otro, pues nunca tuve idea de cómo hacerlo.  Entonces, hace mucho tiempo abandoné por completo la oración.  Esto ha sido así hasta hace unos cuatro años, cuando conversando con mi mejor amigo me dijo:

—Roberto, esto de la oración es simplemente tener una conversación con Jesús. Así es como te sugiero que lo hagas: te sientas en una silla y colocas otra silla vacía, enfrente tuyo.  Luego, con fe, miras a Jesús sentado delante de ti.  No es algo alocado el hacerlo, pues Él nos dijo: “Yo estaré siempre con ustedes”. Por lo tanto, le hablas y lo escuchas, de la misma manera como lo estás haciendo conmigo ahora.

—La cuestión es que lo hice una vez y, ¡me gustó tanto, que lo he seguido haciendo unas dos horas diarias, desde entonces!  Siempre tengo mucho cuidado que no me vaya a ver mi hija, pues me internaría en un asilo para ancianos.

El Padre Martín sintió una gran emoción al escuchar esto y le dijo a Roberto que era muy bueno lo que había estado haciendo, y que no cesara de hacerlo. Luego hizo una oración con él, le dio una bendición y volvió a su parroquia.

Dos días después, la hija de Roberto llamó al sacerdote para decirle que su padre había fallecido.  El sacerdote le preguntó:

—¿Falleció en paz?

—¡Sí!  Cuando salía de casa, a eso de las dos de la tarde, me llamó y fui a verlo.  Me dijo lo mucho que me quería y me dio un beso.  Cuando regresé de hacer compras, una hora más tarde, ya lo encontré muerto.  Pero, hay algo extraño con respecto a su muerte.  Aparentemente, justo antes de morir, se acercó a la silla que estaba al lado de su cama y recostó su cabeza en ella, pues así lo encontré.

—¿Qué cree, usted, que pueda significar esto?

El Padre Martín, se secó las lágrimas de emoción y le respondió:

—¡Ojalá, que todos nos pudiésemos ir de la misma manera...!

Autor desconocido

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Para disfrutar del buen cine


TÍTULO EN CASTELLANO

ORIGEN

DIRECTOR

PROTAGONISTAS

Título Original / Otro Título

AÑO

DURACIÓN

GÉNERO

CALIFICACIÓN

Ben-Hur

usa

William Wyler

Charlton Heston / Jack Hawkins

1959

212 min

Épico / relig

ATP

Madre Teresa

ITALIA

Fabrizio Costa

Olivia Hussey / S. Somma

2003

180 min

BIOGRAFÍA

  • atp

Ben-Hur.  En la Antigua Roma, del siglo I, Judá Ben-Hur (Charlton Heston), hijo de una familia noble de Jerusalén y Mesala (Stephen Boyd), tribuno romano, eran amigos desde la infancia.  Un accidente los transforma en enemigos irreconciliables: Ben-Hur es acusado de atentar contra la vida del gobernador romano y Mesala manda encarcelarlo a él y a su familia. Mientras Ben-Hur es trasladado a las galeras para cumplir su condena, un hombre, llamado Jesús de Nazaret, se apiada de él y le da de beber.  Este encuentro fortuito, lleno de amor y con la mirada misericordiosa de Jesús va cambiando la vida de Ben-Hur.  Finalmente es liberado y sale en busca de su madre y su hermana; a quienes encuentra, precisamente, durante los hechos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.  Esta obra del cine clásico, nos habla de la confianza en Jesús Resucitado y de la misericordia, como característica distintiva de los primeros cristianos.

Madre Teresa.  Hacia la mitad del siglo XX, la ciudad de Calcuta recibe el triste mote de “la cloaca del mundo”.  Desheredados, enfermos, moribundos yacen desesperados por doquier y abandonados a su suerte.  En medio de todo este sufrimiento surge una monja, la Madre Teresa (Olivia Hussey) que funda una congregación de religiosas que se dedica en cuerpo y alma a ayudar a los pobres, a curar a los leprosos que mueren en las calles, a cuidar a los huérfanos y niños abandonados, a acompañar a los moribundos hacia su muerte…  El camino de la Madre Teresa no está exento de problemas, pero nos muestra que la fe en Dios y la abnegación en la entrega al prójimo, sin recibir nada a cambio, es el camino de quienes siguen a Jesús.

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