¿Las oraciones de memoria o la memoria en las oraciones?

Luis M. Benavides Metodología
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Recitar una oración de memoria es la manera más universal de rezar... Para mucha gente es la única manera de tratar con Dios... El rezo de una oración resulta fácil y es muy pedagógico porque un niño no sabe cómo dirigirse a Dios, da sus primeros pasos con las oraciones aprendidas ya que las mismas ponen en su boca lo que le conviene decir.

P. Francisco Jálics

Existe una costumbre muy antigua de enseñar oraciones y jaculatorias de memoria. Creo que en algunos casos esta práctica fue algo exagerada y se tornó en un sinsentido para los niños, aprendiendo oraciones poco prácticas para la vida adulta. Al respecto, considero que algunas oraciones, que forman parte de la vida cristiana y de la memoria viva de la Iglesia, se podrían ir aprendiendo de memoria; sin forzar a los chicos y rescatando su permanentemente sentido.

En el caso de los niños más pequeños

Podemos ir enseñando las oraciones breves o jaculatorias. Prestemos atención a que dichas oraciones no sean infantilistas o carentes de sentido para la vida posterior. Siempre convendría enseñarles frases del Evangelio u oraciones con profundo sentido religioso como: ¡Gloria a Dios! ¡Aleluya! ¡Sí, Señor! ¡Aquí estoy, Señor! ¡Amén! ¡Gracias, Señor! ¡Perdón, Señor! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío! ¡Viva Jesús en nuestros corazones: por siempre! ¡Jesús, José y María les doy el corazón y el alma mía!, y un largo etcétera.

Se pueden sugerir oraciones de muy pocas palabras y que los mismos niños puedan ir completando: “Dios, tú eres...” (por ejemplo: “...mi Rey”, “mi Creador”, “mi mejor amigo”, “todopoderoso”, etc.)

Considero que la Señal de la Cruz, el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria pueden ser enseñados desde pequeños; sin que ello resulte una imposición tediosa para los niños. Lo único que habría que tener en cuenta es no insistir demasiado en la memorización, sino en la actitud interior de oración. Con el tiempo, lo irán memorizando solos.

A partir de los ocho o nueve años

Los chicos ya comienzan a lograr algunas abstracciones. Desde ese momento pueden ir incorporando paulatinamente las demás oraciones de la vida cristiana. Como por ejemplo: la Salve, el Pésame, el Yo Confieso, el Gloria (largo), el Credo, etc.

Algunas frases del Evangelio o de los santos, como: ¡Señor, Jesucristo, Hijo de David, ten piedad de mí que soy un pecador! “En el atardecer de la vida, te examinarán en el amor” (San Juan de la Cruz). ¡Alabado sea Jesucristo, por siempre sea alabado! ¡Recordemos que estamos en la santa presencia de Dios: te adoramos Señor!, etc.

Recordemos que el sentido de la memoria en las oraciones, es ayudarnos a ponernos en la presencia de Dios, a predisponer nuestro corazón y nuestra mente para entrar en contacto con Dios, Nuestro Padre. Por ello procuremos que su recitado no se transforme en una mera automatización.

Es importante que permanentemente rescatemos el sentido profundo de las mismas, que nos detengamos a rezarlas con la mayor serenidad y pausa posibles, para que sus palabras no se conviertan en un automatismo. Si estas oraciones se recitan con convicción interior y recogimiento, adquieren un profundo sentido de vida. Basta como ejemplo, pensar en cuantas personas han hecho del rosario un estilo vida y comunicación con Dios, a través de la presencia siempre orante de la Virgen María.

En todo este proceso, hay que evitar ciertos errores pedagógicos bastante frecuentes:

"La memorización de las oraciones fundamentales ofrece una base indispensable para la vida de oración, pero es importante hacer gustar su sentido..."

Catecismo de la Iglesia Católica n. 2688

(De la Serie «Iniciación en la oración», columna 7.ª)